Canciones sin pensar

Pentagrama, (c) Mireia

Mi queridísima Thirthe, ha colgado un meme musical en el que “hay que contestar una serie de preguntas mediante el título de las canciones que aquellas te sugieran, o simplemente se te ocurran en el momento”. Y yo, que difícilmente puedo resistirme a según qué cosas, he sido la primera en comentar, ganándome así uno de los testigos del juego. A ver cómo me ha traicionado el subconsciente…
-¿Eres hombre o mujer?
Assumpta de Siniestro Total
-Descríbete
(I Can’t get no) Satisfaction de The Rolling Stones
-¿Qué sienten las personas cerca de ti?
You got it de Roy Orbison
-¿Cómo describirías tu anterior relación sentimental?
De alguna manera de Luis Eduardo Aute
-Describe tu actual relación con tu pareja
My baby just cares for my de Gus Kahn y Walter Donaldson, por Nina Simone, claro.
-¿Dónde quisieras estar ahora?
Vasos vacíos de Los Fabulosos Cadillacs
-¿Cómo eres respecto al amor?
Adoro de A. Manzanero, por Mayte Martín y Tete Montoliu
-¿Cómo es tu vida?
Lust for life de Iggy Pop y David Bowie
-¿Qué pedirías si tuvieras sólo un deseo?
Diguem no de Raimon
-Escribe una cita o frase famosa
Sea de Jorge Drexler
-Ahora, despídete…
La Grange de ZZ Top
Yo siento curiosidad por lo que dirían los subconscientes de Tarko,Nemomemini y Juankar. Pero ante el vicio de pedir la virtud de no dar, ¿o no?
Actualización: Por votación popular, la Sociedad Pajaril ha decidido pasarle el meme a una persona más, a Lulamy, mi ex hermana putativa. (¿Contenta, niña?)
Publicado por m

Aixeca’t contra la pobresa | Levántate contra la pobreza

(c) El Roto para El País
“El antiglobalismo se presenta como una lucha desde la resistencia civil, no desde la confrontación violenta. Para los antiglobalistas, constatar estos valores no debe ser necesariamente un signo de de futilidad ni de debilidad, sino más bien el umbral para construir una nueva forma de acción ideológica política, menos esencialista, menos ideológica y más operativa. El antiglobalismo podría ser, por tanto, una especie de ideología-fuerza cuya razón de ser pretende construir desde la acción, desde situaciones y prácticas concretas, que aspiran a unirse y enREDarse de manera horizontal, hasta provocar que la supuesta congruencia del actual globalismo neoliberal, que desprecia la resistencia de los globalizados tachándolos de delincuentes, salte en pedazos, se desmorone y abra paso a una nueva forma de construir la globalidad, con fórmulas políticas más inclusivas, más plurales, más humanas.”
Ibarra Güell, P. y Moreno del Río, C. , “Indígenas, indigentes e indigestos. Los nuevos sujetos de la izquierda radical frente al neoliberalismo global” en Joan Antón Mellón (ed), Las ideas políticas en el Siglo XXI, Barcelona, Ariel, 2002, p.193

Todos somos Rubianes

Sé de -al menos- un libro secuestrado en democracia, pero no conozco antecedentes de ningún despropósito como el del caso de Rubianes con su Todos eran Lorca en Madrid.

Parece que Gallardón se ha destapado. Quizá sea lo único bueno de toda esta historia. Lo malo, lo peor es descubrir que -en algunos lugares- a día de hoy, sigue existiendo censura.



Dejar el zoo medio abandonado, pelearnos con miedos, maletas y jaulas en dos aeropuertos para llegar a la tierra querida y hallarla ardiendo. Que hace tiempo que arde Galiza, pero ahora quema de verdad y para siempre. Enjuagarme las lágrimas con la misma impotencia de los que nos reciben y desear que el hidro no nos despierte a la mañana siguiente. 

Desempolvar las mantas y las chaquetas para envolver los días y que pasen quedos. Guardar el descanso como un punto de libro entre lecturas de siestas inhumanas, y la memoria entre vapores y gaviotas. Disfrutar cada mañana, cada tarde, en cada playa, con cada paseo de la felicidad cuadrúpeda compartida. Empezar a verlo todo con otros ojos para descubrir que fui sirena un atardecer en el puerto ballenero de Caneliñas y no dar crédito. Encontrarme con gente querida y con gente por querer. Enrojecer en Ítaca. Temblar en Lavacolla al abrazarte, volver a tenerte allí, de nuevo, con la música y la pólvora mojada aunque sólo fuese por dos días… Dejar en consigna el quilo de poesía que el fuego me impidió entregar. Sonreír al saber que habrá que volver a intentarlo. Recoger en silencio los mimos, las charlas, los recuerdos, y meterlos desordenados en la maleta. Despedir desde el cielo y con retraso a la tierra, con la seguridad que da la inflexión del viaje, cuando el destino sólo es llegar a casa.

Volver al zoo que -en el abandono- se ha llenado de morriña, de hojas secas, de plumas mudadas, de postales esperando en el buzón. Abrir la maleta para que el polvo se cubra de conchas que encierran ecos de sueños renovados. Y hacerlo poco a poco, para que no se pierda la magia de volver…

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Hasta el lunes querría estar enredada con La Mercè, totalmente enredada, ubicua. Que como bien sabéis -porque no me he hartado de decirlo año tras año- ésta es mi fiesta. Hotmail iniciar sesion

Pero Santa Eulàlia , la copatrona, no da tregua y llueve y llueve…

Hotmail iniciar sesion. Y no sé que pasará con el Correfoc de esta tarde, ni con el Saló pel Benestar i la Defensa de l’Animal Abandonat, ni con tantas y tantas celebraciones… ¡Ay! Hotmail iniciar sesion.

Lo logramos. Todos. Volvimos, hemos vuelto. De muy lejos, de más cerca, pero todos. Somos nosotros. Vosotros y yo, de nuevo.


Volverá la rutina y nuestra lucha contra el tedio. Volverán los días y las noches, sus luchas y sus sueños. La ciudad resuena contenta esta mañana de domingo nuevo. Y la última trae un fado prendido en el pelo, para acunarnos de otoño.

Jalearemos nuestros nombres, uno a uno. Frente a las llamas, con el tsunami de nuestras risas, mis brazos se olvidarán sobre los vuestros. Y daré las gracias porque lo logramos. Hotmail iniciar sesion Mirad: somos nosotros. Vosotros y yo, de nuevo.

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Formas de mujer

Los rincones de mi casa tienen formas de mujer, también. Los rincones de mi casa están llenos de sorpresas de mujer. Señalan, la mayoría de ellos, esquinas que separan a unas de otras.

Que clasificadas sí las tengo. Por paredes: las rubias al Norte, las morenas al Sur. Al principio, cuando aún no conocía su idéntica condición, seguía otros criterios, pero pronto me di cuenta que lo único que las diferencia es el color del tinte de su pelo.

Que por el resto, la verdad, poco difieren unas de otras, especialmente cuando vuelvo de la cocina, con el cortante en la mano derecha y la copa de tinto en la izquierda. Nada valoran, son incapaces de agradecer que mantenga el acero al carbono limpio de óxido. Qué sabrán ellas, que ni ven que son siempre artesanales, con el mango de boj. Y les ofrezco la copa y si aciertan la cata, les prometo ser mi obra maestra, pero nada, no hay forma. Apenas alguna supo distinguir la variedad de la uva. ¿Para qué habían venido, entonces? En los anuncios siempre lo dejo bien claro:

“Hombre blanco, soltero, busca mujer blanca, soltera, para compartir un buen caldo y algo más”. Por eso decidí simplificar y sólo separar a las rubias de las morenas, que -todo hay que decirlo- son la mayoría, que me he llevado muchas sorpresas. Porque me gusta desvestirlas antes de archivarlas definitivamente, que con los años la ropa termina siendo un estorbo de jirones encalados en el caso de que haya mudanza. Debo reconocer, eso sí, que reservo una pared maestra que mira al sudeste para la primera pelirroja que se avenga. Aunque últimamente, avenirse, lo que se dice avenirse, ninguna, sea como sea. Antes eran más sufridas todas, ahora siempre lloriquean, las muy mocosas, corriéndoseles el rimel por las mejillas hasta la boca, ¿cómo esperan así disfrutar del vino?. A la penúltima incluso le dije si creía que el caldo era una sopa para curarle la congestión.

Por favor! Que no me lloren, que lo dejan todo hecho unos zorros, que después allí se quedan mirándome, quietas, muy quietas, y sin prestarse a nada. Que nada les pido luego, que el momento de la empatía es entonces y no luego, que ya me encargo yo de limpiar su sangre. Y qué roja la tienen, las tías. Hay paredes que llevan -al menos- cuatro manos de pintura. Pero las muy desagradecidas no colaboran ni muertas. ¡Hala!, cada una a lo suyo, en su rincón, dando forma de mujer con esa sangre tan roja que todas tienen sobre el bonito blanco hielo de las paredes de mi casa.

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